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domingo, 18 de enero de 2015

Beagle 2, supongo

Réplica de la Beagle 2 en el Museo de Ciencia de Londres. La antena UHF es el cuadrado amarillo en el disco central. Crédito: geni (Wikimedia Commons)
2 de junio de 2003, 23:45 hora local, cosmódromo de Baikonur, Kazajistán. Un cohete Soyuz despega hacia el cielo nocturno. A bordo, la sonda europea Mars Express con destino a Marte. Y acoplada a Mars Express, la sonda de aterrizaje Beagle 2, un pequeño disco de 65 cm de diámetro y tan solo 33,2 kg de peso protegido en el interior de un escudo térmico acoplado a un sistema de aterrizaje compuesto por un paracaídas y varios airbags para amortiguar el golpe final. El 19 de diciembre de ese mismo año, a seis días de distancia de Marte, la pequeña Beagle 2 se desacopla de su nave principal e inicia un viaje en solitario que debería haberla llevado a la superficie de Marte, a algún lugar de Isidis Planitia. A partir de entonces nada más se supo del aterrizador hasta hace unos días, en un misterio que ha durado 11 años.

Beagle 2, bautizada así en honor al nombre del buque a bordo del cual Darwin efectuó los viajes que le llevarían a concebir la teoría de la evolución, fue ideada por un grupo de académicos británicos liderados por el profesor Collin Pillinger y que consiguieron implicar a varias instituciones del país en el proyecto, entre ellas la Universidad de Leicester y la Universidad Abierta. Pillinger hizo grandes esfuerzos a la hora de buscar financiación para el proyecto, llegando a implicar a artistas británicos en su búsqueda de apoyos: el tono con el que la sonda debía indicar al control de la misión que había aterrizado fue compuesto por la banda Blur, y la placa con los colores para calibrar las cámaras de la sonda fue pintada por Damien Hirst.

Modelo de la Beagle 2 en la superficie marciana, con solo dos de los cuatro paneles solares desplegados. Crédito: Mike Peel

La compleja secuencia de aterrizaje ideada suponía la entrada en la atmósfera marciana a gran velocidad (20.000 km/h), el despliegue de un paracaídas, el inflado de varios airbags para proteger la sonda en el momento del golpe contra el suelo y la apertura del aterrizador con forma de disco desplegando los paneles solares hasta dejar expuesta la antena UHF con la que se comunicaría con Mars Express, que a su vez reenviaría la información a la Tierra.

A pesar de su pequeño tamaño el aterrizador llevaba a bordo un complejo conjunto de instrumentos que le habría permitido buscar indicios de vida, pasada o presente, en el planeta rojo. La mayor parte de los instrumentos estaban alojados en un brazo robot denominado PAW (Payload Adjustable Workbench). Se incluían dos cámaras, un microscopio, un par de espectrómetros y una pequeña linterna, así como un taladro con el que recoger muestras que se pasarían a un espectrómetro de masas y un cromatógrafo de gases situados en el cuerpo del aterrizador para analizarlas y estudiar su composición. Además el brazo dejaría en la superficie el instrumento PLUTO (Planetary Undersurface Tool), un cilindro autopropulsado capaz de introducirse bajo tierra y recoger muestras.

Beagle 2 se dio oficialmente por perdida el 6 de febrero de 2004 y se llevó a cabo una investigación para encontrar las posibles causas. La investigación concluyó con varios posibles escenarios de fallo, entre ellos la destrucción durante la entrada atmosférica, el fallo del paracaídas o los airbags o el enredado de la sonda entre los cables del paracaídas.

El hallazgo

El objetivo de Beagle 2 en Marte era una zona denominada Isidis Planitia, una llanura sedimentaria. Tras declararse perdida fue buscada por las cámaras de las diversas sondas orbitales de la NASA durante años, pero la zona de búsqueda era enorme y el pequeño tamaño de la Beagle 2 ponía a prueba incluso a la poderosa cámara HIRISE de la nave Mars Reconnaissance Orbiter , capaz de obtener imágenes con una resolución de hasta 25 cm por pixel. El problema es que a la mayor resolución posible, Beagle 2 solo ocuparía un puñado de píxeles en la imagen. Tras varios falsos positivos durante estos años, el 16 de enero de 2015 se anunció lo que por fin era la identificación definitiva del aterrizador en la superficie marciana gracias a tres imágenes de HIRISE tomadas en distintas fechas.

Fotografía tomada por la cámara HIRISE de Beagle 2 con un esquema de la hipotética disposición de la sonda. Se trata de una sección ampliada de la foto original de HIRISE, por lo que no salen ni el paracaídas ni el cobertor trasero de reentrada. Crédito: NASA/Crastinia

En las imágenes pueden verse lo que parece ser el paracaídas, el cobertor trasero de la cápsula de entrada atmosférica y, sorprendentemente, la Beagle 2 intacta pero con solo dos de sus cuatro paneles solares desplegados.

Imagen donde se recoge la zona de aterrizaje de Beagle 2. Se ven la propia sonda, el posible paracaídas y el cobertor de entrada atmosférica. Crédito: NASA.


No deja de ser un poco descorazonador saber que la sonda aterrizó correctamente pero que a falta de un último detalle no fue capaz de comunicarse con la Mars Express y la Tierra: la antena UHF que debía realizar las transmisiones solo funcionaría una vez desplegados los paneles, ya que se hallaba cubierta por ellos. Es tentador imaginar a Beagle 2, alimentada precariamente por los dos paneles desplegados, intentando llamar desesperadamente a casa sin que nadie pudiese escucharla. Por otra parte, haber descubierto que la nave llegó de una pieza a la superficie es todo un tributo al equipo que luchó por sacarla adelante con un presupuesto exiguo y contra viento y marea, incluso con apenas ayuda por parte de la Agencia Espacial Europea. Colin Pillinger, la cabeza visible de aquel grupo, falleció el 7 de mayo de 2014, convencido de que Beagle 2 se había destruido en la atmósfera de Marte, sin llegar a saber nunca que la pequeña sonda estuvo a un paso de convertirse en un éxito.

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