Google+ Crastinia: 50 años del primer paseo espacial de Alexey Leonov

miércoles, 18 de marzo de 2015

50 años del primer paseo espacial de Alexey Leonov

Logo de la misión Voskhod 2.

El 18 de marzo de 1965 despegó del cosmódromo de Baikonur un cohete llevando la segunda nave Voskhod tripulada y convirtiéndose en el octavo vuelo soviético tripulado en llegar a órbita. A bordo, Pavel Belyayev y Alexey Leonov harían historia. A diferencia de la Voskhod 1, que llevó al espacio a tres cosmonautas, la Voskhod 2 llevaba solo a dos por una razón: el espacio adicional fue ocupado por el traje y los sistemas que convertirían a Leonov en el primer hombre en realizar un paseo espacial, una EVA en la jerga, por ExtraVehicular Activity (Actividad Extravehicular).

Esquema de una Voskhod 2. Crédito: Reubenbarton
Las naves Voskhod eran basicamente naves Vostok como la usada por el propio Yuri Gagarin en el primer vuelo espacial tripulado de la Historia, pero  remodeladas, con dos o tres asientos a bordo en lugar del único de la Vostok original, y con cohetes de respaldo para volver a tierra para el caso de que el cohete principal fallase, así como cohetes de frenado durante el aterrizaje para suavizar el golpe contra tierra.

Apenas hora y media después de alcanzar órbita en la Voskhod 2, los cosmonautas desplegaron la esclusa inflable por la que se produciría la salida al vacío del espacio. Leonov se puso el traje presurizado Berkut (águila dorada en ruso), que disponía oxígeno suficiente para 45 minutos, y entró en la esclusa. A las 8:34 UTC Leonov se convirtió en el primer humano en exponerse al vacío del espacio vestido solo con un traje espacial al salir de la esclusa atado tan solo con un cordón de seguridad a su nave. Leonov instaló una cámara en el exterior de la Voskhod 2 que grabó su hazaña. En su pecho llevaba además otra cámara que se activaba mediante un interruptor adherido a una de las piernas del traje. Fue cuando intentó alcanzarlo, sin lograrlo, que el cosmonauta fue consciente de que su traje se había hinchado hasta dificultar sus movimientos. Leonov trató de mitigar el problema abriendo una válvula del traje para despresurizarlo parcialmente sin consultarlo con el control de tierra para no hacer cundir la preocupación y de paso violando los procedimientos. El cosmonauta consiguió recuperar la cámara que había instalado un momento antes, pero al intentar regresar a la nave el traje seguía lo suficientemente hinchado como para impedirle entrar en la esclusa, obligando a Leonov a despresurizarlo todavía más, poniendo en riesgo su propia vida. El cosmonauta entró de cabeza en la esclusa, violando de nuevo el procedimiento, que indicaba que debía entrar con los pies por delante, y viéndose obligado, una vez dentro, a girarse sobre sí mismo en un espacio de por sí ya reducido. El esfuerzo adicional, sumado a los problemas de movilidad durante la EVA, llevaron a Leonov al límite y a estar cerca de sufrir un golpe de calor, con una subida de temperatura corporal de casi 2 grados en menos de 20 minutos. El propio Leonov relataría que el traje estaba empapado de sudor "hasta las rodillas" y que, en el caso de que no hubiese podido entrar en la nave y tuviese que haber sido abandonado en órbita por su compañero, llevaba una píldora para suicidarse. Por fortuna, Leonov consiguió alcanzar el interior de la cápsula. La EVA había durado 12 minutos y 9 segundos.

Réplica de la esclusa de la Voskhod 2,
donde Leonov casi no lo cuenta.
Crédito: Armael


 Las dificultades de la misión no acabarían ahí. Los dos cosmonautas apenas fueron capaces de cerrar la esclusa interior, para luego fallar el sistema automático de reentrada, obligando a usar el sistema manual, menos preciso. Además, una vez vestidos con sus trajes para la reentrada, tuvieron dificultades para volver a sus asientos en la estrechez de la cápsula, y por si fuera poco, el módulo de servicio (con los sistemas de propulsión) no se desacopló del todo de la cápsula de reentrada hasta unos peligrosamente bajos 100 km de altura, haciendo girar brutalmente la nave. El último y no menor de sus problemas fue que la activación manual de reentrada hizo que la cápsula aterrizase en las tierras altas de Kama, en plena Taiga, a 386 km del punto en que debería haberlo hecho, desorientando a los equipos de rescate. Aunque la cápsula fue localizada ese mismo día, no se pudo intentar el rescate hasta el día siguiente, pero sí pudieron arrojarles víveres y ropa de abrigo. Leonov y Belyayev tuvieron que pasar la noche, con temperaturas de hasta -5 ºC, en la cápsula, alerta además de que ningún oso o lobo se acercase a husmear en una época en que están especialmente agresivos por ser temporada de celo. Entre el equipamiento de la cápsula, en cualquier caso, los cosmonautas tenían a su disposición un arma precisamente para casos como en el que estaban envueltos. Al día siguiente los equipos de rescate consiguieron llegar hasta ellos y cortar árboles para construir un refugio temporal y hacer fuego, aunque lo difícil del terreno impidió que los helicópteros de rescate aterrizasen o intentasen una extracción aérea. Los propios cosmonautas, tras una segunda noche, tuvieron que desplazarse varios kilómetros hasta un claro donde los helicópteros sí pudieron aterrizar y desde donde fueron evacuados.

Leonov se ha convertido en una leyenda, un símbolo, y a sus 81 años sigue abogando por la exploración del espacio. Su segundo vuelo espacial fue como comandante de otra misión muy mediática, la misión Apolo-Soyuz, en que una nave Apolo estadounidense y una nave Soyuz soviética se encontraron y acoplaron en el espacio.

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