Bajo el romántico nombre de
Sigma 17-50mm F2.8 EX DC OS HSM se encuentra un objetivo de la casa Sigma que se encuadra dentro del tipo de
objetivos normales, esto es, objetivos que abarcan dentro de unos límites el campo de visión humano. El rango de distancias focales en que se mueve (17-50 mm) lo hace apto y flexible para toda una serie de situaciones, desde fotografía de paisajes hasta retratos, sin destacar especialmente en ninguna de ellas. Sí destaca su gran luminosidad, con un
número f de 2,8 que es capaz de mantener en todas las longitudes focales al precio de una cierta pérdida de nitidez y algo de viñeteo en los extremos del rango focal y hacia los bordes de la imagen, situación que se corrige a f's más altas y focales intermedias. La denominación del objetivo indica que la óptica es de calidad superior (
EX), que está diseñada para uso con cámaras con sensores de tamaño
APS-C (
DC), que está estabilizado opticamente (
OS) salvo para monturas Sony y Pentax, y que el autofoco funciona mediante ultrasonidos (
HSM), haciéndolo más silencioso que con un motor normal. Además el enfoque se realiza a nivel interno, con lo que el anillo externo del objetivo no rota cuando se produce el enfoque, lo que es una ventaja a la hora del uso de filtros polarizadores. Y hablando de filtros polarizadores y de filtros en general, el diámetro del anillo externo es de 77 mm, un diámetro para el que un filtro un poco bueno no suele ser barato.
No pretendemos aquí hacer un análisis técnico exhaustivo. Hay decenas de análisis y revisiones por Internet adelante de este objetivo, al que se le suelen asignar como competidores el
Tamron SP AF 17-50mm F/2.8 XR Di II VC LD ASL IF (repítelo tres veces seguidas para tener pesadillas) y el
Canon EF-S 17-55mm f/2.8 USM IS. Mientras que el Tamron está en el mismo segmento de precio que el Sigma (alrededor de 300-350 €), el Canon se dispara locamente hasta los 700 € o más, saliéndose normalmente del presupuesto de un mero aficionado. Tecnicamente el Canon suele ser calificado como el mejor de los tres, con el Sigma y el Tamron disputándose muy reñidamente el segundo puesto. El problema es que en los puntos en que el Sigma es flojo el Tamron suele ser bueno y a la inversa, aunque globalmente el Sigma parece ser ligeramente mejor. Se deja al lector el trabajoso y a menudo absurdo ejercicio de analizar comparativas de dichos objetivos intentando descubrir cual es el mejor, cuestión que es más cosa de las necesidades y posibilidades de cada cual que otra cosa. Un buen sitio donde compararlos (y donde comparar un montón de otros objetivos), con un montón de datos técnicos y diagramas, así como la posibilidad de elegir toda una variedad de cuerpos sobre los que realizar la comparativa, es
DXOMark. Si los ordenamos con el criterio de la relación calidad/precio por delante, está claro que el Sigma o el Tamron estarían en primer y segundo lugar, indistintamente.
El
unboxing del elegido:
El Sigma 17-50 mm es una buena elección si se decide ir más allá de los objetivos por defecto que haya traído nuestra cámara, que suelen ser de una calidad básica pero suficiente para comenzar. Lo hemos probado en el cuerpo de una Canon 550D, que posiblemente no sea el cuerpo óptimo para este objetivo, pero que es lo que hay en este momento.

Si hasta ahora has usado el objetivo del kit estándar de Canon, el EF-S 18-55mm estabilizado, al abrir la caja del Sigma y tenerlo por primera vez entre las manos te va a parecer grande, pesado, compacto, peligroso... da toda la impresión de que si se lo tiras a alguien a la cabeza vas a causar una desgracia. En comparación ahora el EF-S 18-55mm te parecerá ligero como una pluma: posiblemente cabrearías a alguien a quien se lo tiraras a la cabeza pero nada más. Y es que con 565 gramos de peso para el Sigma, más de medio kilo, el conjunto de cámara y objetivo supera el kilogramo. Con cuerpos de gama superior el conjunto puede irse hacia el kilo y medio de peso. El EF-S 18-55 pesa unos 200 gramos. Hay que tener ojo con los trípodes, sobre todo si no son de calidad: un trípode que aguante un cuerpo con un 18-55 es posible que empiece a crujir bajo un Sigma 17-50.

El montaje del objetivo no tiene ningún misterio. El punto de inserción viene marcado en rojo en la rosca metálica interna, con otro blanco justo a la misma altura en el borde de plástico, que hay que alinear con el punto rojo del cuerpo de la cámara. Quizá haya que hacer un poco de fueza extra hasta escuchar el clic que indica que el objetivo está completamente anclado al cuerpo. La primera impresión del conjunto cuando vienes de usar un 18-55mm es que es demasiado grande, que el objetivo se come a la cámara... y que te gusta que se vea así. Incluido en la caja viene un parasol rígido con encaje de tipo bayoneta. Entra sin problemas en su ranura y tiene también una posición de clic que hay que forzar un poco para que quede bien fijado. Es fácil no darse cuenta de que existe esta posición de clic, con el riesgo de que el parasol parezca fijado sin estarlo y que cuando menos te lo esperes acabe en el suelo.

En el objetivo se encuentran tres interruptores: uno de bloqueo de la focal, que activado lo deja fijo e inamovible en 17 mm; el de enfoque manual/automático (MF/AF); y el del estabilizador óptico (OS). El bloqueo de la focal en 17 mm parece tener su razón de ser en evitar que el objetivo se extienda solo accidentalmente cuando está situado en vertical hacia abajo. Realmente el objetivo no parece tener tanta soltura como para que se extienda solo con unicamente ponerlo en vertical. De hecho no hemos conseguido reproducir este comportamiento ni siquera agitándolo ligeramente, por lo que quizá el interruptor sobre o más adelante, con el uso, la soltura se haga mayor. El interruptor viene activado por defecto, por lo que para poder variar de focal la primera vez hay que desbloquearlo. El anillo para cambio de focal es de goma y su rotación es suave, teniendo que aplicar solo una pequeña fuerza. El anillo de enfoque también es de goma y rota con el autofoco. Al principio, si estás acostumbrado a soportar el conjunto cámara/objetivo sosteniendo este último en toda su extensión, te encontrarás con que estás tocando el anillo de enfoque y te darás cuenta cuando el autofoco haga su trabajo: es un poco desconcertante estar sosteniendo el objetivo y que de repente una parte de él se ponga a rotar. No es nada que no se evite con un poco de práctica, aunque priva de poder sostener el objetivo más comodamente, en toda su longitud.

El f/2,8 se nota inmediatamente: las fotos son más rápidas y se comprueba facilmente que a menor cantidad de luz el Sigma saca fotos iguales o mejores que el EF-S 18-55 mm, pero no hay que cegarse y hay que tener siempre presentes las limitaciones del objetivo usado a la máxima apertura. Lo razonable suele ser irse a aperturas medias cuando sea posible y siempre en función de las condiciones y necesidades.
Como conclusión puede decirse que el Sigma 17-50mm F2.8 EX DC OS HSM es un objetivo de continuación e interesante cuando ya se empieza a buscar algo con más posibilidades que el objetivo del kit básico. Quizá ya tan solo quede recordar que quien hace las fotos es quien está detrás de la cámara y no la cámara, que no es más que un instrumento. Conviene recordarlo para no obsesionarse en el momento de la búsqueda de un nuevo objetivo. Es muy probable que acabemos sacando mejores fotos con más práctica que no con solo cambiar de objetivo.
Fuentes:
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17-50mm F2.8 EX DC (OS)* HSM (Web de Sigma)
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Sigma AF 17-50mm f/2.8 EX DC HSM OS - Review / Test Report