Google+ Crastinia: crítica

Páginas

Mostrando entradas con la etiqueta crítica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta crítica. Mostrar todas las entradas

sábado, 15 de julio de 2017

Hemos visto... "Life (Vida)"


Life es una película dirigida por Daniel Espinosa y estrenada en marzo de 2017. Y un poco un insulto a la inteligencia del espectador. Y, como siempre, destripamos a continuación la película, quedáis avisados.

La sinopsis oficial es esta: a la Estación Espacial Internacional, habitada por seis astronautas, llega una muestra de suelo marciano para ser analizada en un entorno aislado y seguro. Para sorpresa de los astronautas la muestra contiene una forma de vida marciana que pronto pondrá en riesgo sus vidas.

Pero la sinopsis real es esta: un grupo de incompetentes que pasan por astronautas se encuentran con una forma de vida extraña que son incapaces de detener, contener o eliminar a pesar de las múltiples oportunidades que tienen; cometen imbecilidades a cada minuto del metraje de tal manera que solo cabe pensar que lo hacen mal a propósito y al final solo puedes pensar que se lo tienen merecido.

Cuando una película de supuesto terror donde los personajes luchan por su vida frente una amenaza desconocida y pavorosa empieza a aburrirte sabes que hay algo mal, muy mal, en la dirección, el guión o en ambos. Claro que ya cuando una película empieza de una forma ridícula (solo un grupo de imbéciles inconscientes intentaría capturar un satélite como lo hacen al principio, y todos acabarían muertos, además, con el consiguiente ahorro para nuestras vidas de la hora y media siguiente de película), cuando en la era post-Gravity y post-Interstellar sigues poniendo sonidos en el espacio, sabes que la cosa no va a acabar bien.

Al final tenemos el clásico esquema de película donde la estupidez de los personajes eclipsa el desarrollo y el fondo de la misma, donde la atención se la llevan los detalles absurdos. No ayuda en nada que los personajes sean planos y poco o nada interesantes. Los intentos del director por hacernos empatizar con los astronautas se quedan en nada, pasan sin pena ni gloria por la pantalla, flotando de un lado a otro con sus tonterías, sus acciones sin sentido que los van llevando inexorablemente a una muerte más que anunciada. Son carne de cañón sin ningún interés. Es el típico esquema de decenas y decenas de películas donde la amenaza puede ser absolutamente cualquier cosa y las víctimas son invariablemente un grupo de lerdos que lo mismo podrían tirarse por un barranco con idéntico resultado, pero eso no es excusa.

Ni siquiera el aspecto técnico en cuanto al escenario espacial y científico es relevante o interesante y tiende más bien al ridículo: desde mencionar a China como socio de la Estación Espacial Internacional (jamás lo ha sido) junto con Estados Unidos y Rusia sin mencionar ni siquiera a Europa o Japón (¡uno de los personajes es japonés!) a llamar "Soyuz" a los dos tipos de nave que aparecen en la película, completamente distintas entre sí y con una sola con un aspecto muy vagamente relacionado con la real. Desde quedarse sin combustible después de unos pocos disparos de los propulsores a no mantener ni una sola conversación con el control de la misión hasta que al final es demasiado tarde... y para eso la comunicación se corta sin respuesta desde tierra. Si ni siquiera hacen ninguna otra prueba con la muestra marciana que no sea descubrir el bicho, dejar que crezca y jugar con él... Y así toda la película, con una ristra de meteduras de pata interminable. Uno no sabe qué pensar: ¿en serio no tenían la asesoría de alguien minimamente informado?, ¿lo hicieron a propósito? De todos modos, todo eso, todo, podría haberse pasado por alto, podría haberse perdonado o podríamos haber hecho como que son fallos que no están ahí a cambio simplemente de que se estuviese contando una buena historia, de enganchar al espectador y tener toda su atención en la historia y no en lo accesorio. En el fondo no se trata de hacer que la película sea realista. Se trata de hacer que la película sea creíble. Gravity tiene grandes dosis de realismo pero se toma un buen puñado de licencias con la mecánica orbital y con las naves, pero a nadie le importa, ni siquiera a los espaciotrastornados, porque la historia es buena, te mantiene en vilo, quieres saber qué va a pasar a continuación, qué va a ocurrir con la protagonista, y no te despistas con los fallos y la libre interpretación en ocasiones de lo que es el viaje espacial. Life no es ni realista ni creíble, ni engancha, ni te mantiene en tensión ni al final tienes el mínimo interés en que los personajes se salven porque han actuado de manera tan estúpida y poco profesional que, en el fondo, lo merecen.

La película tiene algún guiño aparente a Gravity y quizás a Alien (ese tipo de letra del principio...) que no ayuda en nada a hacerla mejor ni más amena.

Lo mejor: todos mueren al final.

Lo peor: las patadas constantes al sentido común, la incompetencia ridícula de los personajes.

jueves, 16 de marzo de 2017

Hemos visto... "Logan"


Logan (dirigida por James Mangold) se estrenó en marzo de 2017 y es, cómo decirlo... un épico "a tomar por saco" de Marvel.

En Logan se trata la historia de Lobezno (Hugh Jackman), el doctor Xavier (Patrick Stewart) y la pequeña Laura (Dafne Keen). En un futuro cercano los mutantes son practicamente historia, hace décadas que no nacen nuevos mutantes y la escuela de Xavier ya no existe. Un envejecido y agotado Lobezno-Logan, trabajando como chófer de limusina, se encarga de cuidar junto a Caliban (Stephen Merchant), en la clandestinidad y en la frontera de México, del doctor Xavier, que sufre un problema de degeneración neuronal que pone en riesgo la vida de quienes lo rodean por los ataques que sufre y desatan sus poderes de manera involuntaria. Logan trata de reunir una cantidad de dinero para poder llevarse a sus compañeros lejos del infecto escondite en el que habitan y de paso asegurarse de que las crisis nerviosas del doctor no ponen en riesgo a ningún inocente. Y en esas estamos cuando aparece una mujer con una misteriosa niña dispuesta a pagar una elevada cantidad para que Logan se lleve a la cría a Dakota del Norte, a un supuesto refugio idílico para mutantes, mientras escapan de Transigen, la empresa propietaria de la niña... A partir de aquí la acción se acelera y se inicia la huída, un camino de dolor, muerte, tragedia y crueldad, pero también un camino iniciático, de amor, ternura, humor por momentos, cuyo final no por predecible es menos contundente.

¿Es Logan la mejor película de Marvel hasta la fecha? Es fácil salir con esa pregunta en mente después de ver la película. El enfoque, la atmósfera, la crudeza de la historia... no son nada parecido a lo que se haya visto hasta ahora en las películas del universo Marvel. La película no está clasificada para mayores de 16 años por nada. La sangre y la violencia explícita y nada disimulada abundan. Logan es sin duda la película más violenta de la franquicia. Los personajes pasan de ser superheroes con un pasado más o menos problemático que luchan por superar a ser poco más que supervivientes acosados y en decadencia, con unos poderes disminuidos y en declive, afectados por la vejez y la enfermedad como cualquier hijo de vecino. Con el añadido, como motor de la historia, de un último gran esfuerzo en nombre de un futuro incierto y de una leve esperanza para una nueva e inesperada generación de mutantes.

Es difícil no empatizar con unos personajes que se muestran vulnerables, dolidos y con un pasado que los agota, agobia y persigue. En Logan encontramos una extraña y desconcertante (para bien) mezcla de la acción a la que estamos acostumbrados en las películas de X Men con el drama que supone el conflicto y huída de unos personajes maduros en muchos sentidos, con Xavier ejerciendo como voz de la esperanza y la responsabilidad como contrapeso al egoísmo y la cautela, justificados, de Logan.

El final de la película deja un sabor un tanto amargo, ni siquiera agridulce, sabiendo que es la última con Hugh Jackman haciendo de Lobezno y de Patrick Stewart como Xavier. Se deja la puerta abierta con la huída de Laura y sus compañeros, pero dificilmente será lo mismo.

Lo mejor: la caracterización de los personajes, que plasma perfectamente su agotamiento vital; la atmósfera de ese futuro cercano, una proyección cuesta abajo de nuestro presente; la interpretación de Dafne Keen como Laura, que se estropea hasta cierto punto cuando empieza a hablar (hacia el final de la película), al menos en el doblaje al español; los chascarrillos en plan abuelete del doctor Xavier; la crudeza de la historia, que baja de los altares a Lobezno y Xavier, los humaniza y hace mucho más fácil identificarnos y empatizar con ellos.

Lo peor: la escena de acción final flojea por comparación, al recordar a las películas más clásicas de X Men; los malos son, bueno, malos, maniqueistamente malos.

jueves, 5 de enero de 2017

Hemos visto... "La llegada"


"La llegada" (Arrival) es una película del año 2016 dirigida por Denis Villeneuve y protagonizada por Amy Adams en el papel de la doctora Louise Banks, una experta en lingüística, y Jeremy Renner como Ian Donnelly, un físico. Es resaltable también el papel de Forest Whitaker como el coronel Weber.

Seguramente ya conozcas la sinopsis: doce naves extraterrestres aparecen de la noche a la mañana en distintos puntos de la Tierra. El ejército de los Estados Unidos solicita la ayuda de una experta en linguística y de un físico para tratar de establecer comunicación con los alienígenas que tripulan una de las naves. A partir de aquí se desarrolla una trama fascinante, con el tema de la comunicación y la comprensión entre especies y entre miembros de la misma especie como punto central, sin aspavientos ni una acción descerebrada y desenfrenada típica de muchas películas de temática parecida.

No pasa desapercibido que en gran parte la película reflexiona sobre las barreras comunicativas entre los propios humanos y en cómo estas modelan las relaciones, los conflictos entre distintos pueblos y la manera de ver y afrontar el mundo y el universo, condicionados en gran parte por nuestra manera de comunicarnos. Es un tema de por sí fascinante y cautivador según la manera en que lo relata Villeneuve. Y por eso mismo el drama personal de la doctora Banks, que se presenta desde el principio, acaba lastrando, oscureciendo y pesando sobre la película, especialmente en la segunda mitad de la cinta, donde a cada rato se nos insiste en toda la felicidad y el dolor personales que rodean o rodearán a la doctora. No hay que perder de vista que el drama de la doctora está imbricada en la trama y forma una parte magnificamente coreografiada con el final de la película y la razón última de la visita de los alienígenas, pero Villeneuve parece insistir continuamente en recordarnoslo a cada poco. Acabas teniendo la sensación de que el director te está metiendo el dedo en el ojo continuamente (mira, mira qué drama más terrible y emotivo, ¿eh?, ¿eh?, ¿no lo ves?) y que la atención de lo fundamental y trascendental se desvía hacia lo que podría ser un dramón de media tarde en cualquier canal de televisión. Al final pesa más la sensación de tristeza y desasosiego que la magnificiencia de estar en medio de un hecho histórico y trascendental.

En conjunto tenemos una buena película que representa de manera digna e incluso original y hasta cierto punto realista un tema tan difícil y esquivo como el primer contacto entre los humanos y una especie alienígena, que sin embargo se ve empañada por una escora nada disimulada hacia el lado más dramático y sensiblero de la trama que el director podría haberse ahorrado perfectamente.

Lo mejor: la representación de los alienígenas, el esfuerzo puesto en representar el trabajo de la lingüista, los momentos de tensión...

Lo peor: la sensiblería de algunos momentos, la repetitividad e insistencia en el drama personal de la protagonista.

jueves, 27 de octubre de 2016

Crítica: Inferno

Verla sí que puede ser un tormento.
 
Título original: Inferno
Fecha de estreno: 9 de octubre de 2016 (Florencia)
País: Estados Unidos
Director: Ron Howard
Guión: David Koepp, a partir de la novela homónima de Dan Brown
Reparto: Tom Hanks, Felicity Jones, Ben Foster, Irrfan Khan, Omar Sy, Sidse Babett Knudsen, Ana Ularu, Jon Donahue, Cesare Cremonini, Xavier Laurent, Fausto Maria Sciarappa, Juan Ignacio Pita
Duración: 121 minutos

Un biotecnólogo que predica la muerte de la mitad de la humanidad para evitar una superpoblación catastrófica en el futuro crea un virus mortal que esconde en algún sitio del que deja enigmáticas pistas. Robert Langdon (Tom Hanks) será el encargado de descifrar las pistas y llegar al virus antes (o no) de que sea liberado. Esta es la sinopsis de Inferno. Ah, y puede que haya algún pequeño spoiler si sigues leyendo.

Inferno es la tercera película basada en una novela de Dan Brown. No puedo opinar sobre el libro porque honestamente no he leído nada de Dan Brown, pero sí tengo claro que al menos para ver la película es conveniente aparcar un rato el cerebro, desactivar el juicio crítico y no hacer demasiado caso al sentido común. Esto en sí no es malo. Muchas películas son divertidas e interesantes precisamente porque desafían a todas esas cosas. Lo que sí es malo para una película es tener una excesiva duración para contar una historia que en esencia es Ángeles y Demonios (también de Ron Howard, 2009, y esta ya era demasiado larga) ligeramente cambiada, con un ritmo similar, personajes sorpresa incluidos, ser predecible y aguantar una cháchara pseudointelectual para apoyar un argumento potencialmente interesante (aunque manido) pero que se hace aburrido porque ya sabes cómo va a acabar.

Los personajes a lo suyo, sin salirse de lo que tienen marcado, los buenos son buenos y los malos son malos, y algunos que parecen buenos pero son malos y viceversa lo son descaradamente, sin posibilidad de que nos equivoquemos. Viene todo mascado y lo que tenemos son basicamente dos horas de gente corriendo de un lado para otro, mucho ruido, persecuciones y huidas delirantes y el correspondiente tour europeo entre Italia y Turquía, algunos sustos, muchos sinsentidos y el final esperado.

Realmente es notable el encaje de bolillos de los acertijos y las constantes referencias culturales de las que nuestro protagonista es un auténtico especialista y que lo guían sí o sí hasta el temible virus, del que por otra parte no explican absolutamente nada, llegando hasta el ridículo momento hacia el final en que los de la Organización Mundial de la Salud reconocen no saber de qué se trata y de que quedan muchos años por delante para estudiar el virus. El "virus" podría ser perfectamente una broma, una bolsa rellena de agua tintada de rojo, por lo que sabemos, porque nadie parece tener ni idea de qué se trata ni de sus efectos ni de dónde ha salido o cómo lo han creado. De todos modos el surrealismo de esta cuestión se queda pequeña al lado de, por ejemplo, ¡un comando armado de la OMS buscando a Robert Langdon y al virus! ¿Qué puede quedar mejor en tu película que un comando armado (¡¡armado!!) de la Organización Mundial de la Salud moviéndose a su bola por el mundo adelante como si tuviese licencia para operar con carta blanca y requerir la cooperación de las autoridades locales, que obedecen sin rechistar? No sabemos qué fuma Dan Brown o qué se mete el guionista de la película, pero enfocado adecuadamente puedes tomártelo por momentos con bastante humor. Un humor no intencionado pero humor al fin y al cabo. Queda para el espectador el descubrimiento del resto de momentos graciosos, como lo extremadamente sencillo y nada esforzado que habría sido que los malos venciesen.

En resumen, Inferno es, quitando toda la cháchara, una película de acción y persecuciones para desactivar un supuesto peligro. No hay mucho más.

Puede que lo mejor de la película sean las visiones infernales de Langdon al principio de la película. Lo peor, todo lo demás.

Oh, en la película no dejan de citar a Dante y La divina comedia como (pedante) eje para ir descifrando las pistas que llevan al virus. Créeme, invertirás mejor las dos horas que dura la película empezando a leer realmente La divina comedia en lugar de ir a ver Inferno: el libro de Dante es más largo y requiere más esfuerzo, pero al final deja una mucho mejor digestión.

lunes, 3 de octubre de 2016

Crítica: Warcraft: el origen (Warcraft: The Beginning)


Título original: Warcraft: The Beginning
Fecha de estreno: 24 de mayo de 2016 (Francia)
País: Estados Unidos
Director: Duncan jones
Guión: Charles Leavitt, Duncan Jones
Reparto: Travis Fimmel, Paula Patton, Ben Foster, Dominic Cooper, Toby Kebbell, Ben Schnetzer, Robert Kazinsky, Clancy Brown, Daniel Wu, Ruth Negga, Anna Galvin, Callum Keith, Burkely Duffield, Ryan Robbins, Dean Redman, Glenn Ennis, Terry Notary, Elena Wurlitzer, Michael Adamthwaite, Anna Van Hooft, Callan Mulvey
Duración: 123 minutos

Si alguna vez has jugado a un videojuego de Blizzard, como cualquiera de los Warcraft, Starcraft o Diablo, sabrás que la compañía trata con mimo y esmero las cinemáticas, esos videos que sirven para presentar el juego o como transición entre fases o misiones o para introducir algún elemento nuevo. En algunos casos son pequeñas joyas que no te cansas de ver una y otra vez, tanto por su aspecto técnico como por la historia que cuenta, por las sensaciones que transmite. Mucha gente fantaseaba con una película (en imagen real o en animación) hecha con esa magia.

Warcraft: el origen puede tener dos tipos de espectadores: los que han jugado al videojuego en que se basa la película y los que no lo han hecho. Para quien no lo sepa a estas alturas, los juegos originales de Warcraft, de los que hay tres (Warcraft, Warcraft II: Tides of Darkness y Warcraft III: Reign of Chaos) con algunas expansiones, consisten en lo que se denomina RTS, Real-Time Strategy, juegos de estrategia en tiempo real, en los que el jugador controla una serie de unidades y recursos con los que cumplir una misión, como derrotar a uno o varios rivales. En Warcraft el jugador puede controlar a los humanos o a los orcos (o a otras razas a veces) y construir unidades civiles o militares para derrotar al contrario. El videojuego evolucionó a World of Warcraft, un juego de rol masivo multijugador, en el que esencialmente se multiplicaban las posibilidades al jugar con y contra otros jugadores humanos. Si has jugado alguna vez a cualquiera de las versiones de Warcraft estarás familiarizado con la estética del juego, con los detalles del universo en que tiene lugar, con los pequeños guiños con que Blizzard lo salpica, con los personajes principales, con la manera de comportarse... Warcraft: el origen, como es lógico, bebe de la estética del videojuego y de sus códigos. El problema es que, como también es lógico, muchos espectadores no habrán tenido jamás contacto con el videojuego y se perderán un contexto que en la película se da casi por supuesto.

La cinta  deja una desconcertante sensación de velocidad a medida que transcurren los minutos: todo pasa muy rápido, aceleradamente, de manera atropellada y, lo que es peor, sin un contexto claro. Los personajes ya están ahí, de repente, se van perfilando a duras penas durante la película y de una manera obligadamente maniquea porque no hay tiempo para establecer zonas de gris o porque directamente no interesa hacerlo para reducir la película a llanamente una lucha de buenos y malos. Combinado con la falta de contexto, la impresión que deja la película en su primera mitad y más allá es de tener prisa en presentarnos todo un universo de golpe y de meterlo a piñón en las dos horas de metraje. Es incómodo por momentos. A veces casi parece un resumen de una película mucho más larga a la que han quitado los momentos interesantes. Tampoco ayuda la apariencia un tanto artificiosa o los comportamientos estereotipados de algunos personajes: los protagonistas humanos son jóvenes y atractivos en su totalidad, los orcos "buenos" tienen rasgos más humanizados y los "malos" mucho más deformados y monstruosos, los conflictos entre personajes se nos presentan como más simples que el mecanismo de un botijo y los momentos dramáticos a veces rayan el ridículo.


A pesar de todo, al final no queda un mal sabor de boca total. Si eres fan del videojuego habrás reconocido guiños (ese soldado siendo convertido en oveja...) y la inconfundible estética de los ejércitos humanos y orcos, de los magos e incluso de las escasas apariciones de los enanos y los elfos, de los edificios y construcciones. Incluso las invocaciones y hechizos de los magos reproducen los del videojuego en un alarde de espectacularidad. Si no eres fan, bueno, te queda una película que intenta ser de fantasía épica, con luchas impresionantes, buenos efectos especiales y una historia más bien fácil de seguir en sus líneas básicas por su sencillez a costa de sacrificar profundidad en tramas y personajes, y que te gustará más o menos dependiendo de tus gustos personales. La interpretación de los actores es simplemente correcta y quizás sobresalga un poco la de Ben Schnetzer, que da vida al mago Khadgar y aporta un poco de emoción en algunos momentos.

En conjunto queda la impresión de que, a pesar de ser un proyecto que empezó a larvarse en 2006 y que comenzó a hacerse realidad en 2014, no se ha conseguido una película que explique el universo Warcraft adecuadamente. Parece ser una película hecha para fans no muy exigentes y en la que se ha puesto atención sobre todo a la parte técnica. Parece una auténtica oportunidad perdida de haber hecho una película de calidad que pudiese contentar a fans y descubrir todo un mundo a los no iniciados. Es inevitable una comparación con El señor de los anillos y su cuidada y mimada producción. En el fondo lo que parece es que la película se hizo exclusivamente con la intención de ganar dinero a costa de la fama del videojuego, y parece haber tenido éxito al ser la película más taquillera basada en un videojuego. En cualquier caso está claro que habrá más películas Warcraft. La duda es si seguirán la senda de la primera y tendremos atropelladas tramas con personajes que no hemos tenido tiempo apenas de conocer (y con los que dificilmente conectamos o empatizamos) viviendo rápidas aventuras épicas y dramáticas o si levantarán un poco el pie del acelerador y nos darán tiempo a encariñarnos con los buenos y odiar o comprender a los malos.

miércoles, 24 de junio de 2015

Crítica: Transcendence



Título original: Transcendence

Fecha de estreno: 2014
País: Estados Unidos
Director: Wally Pfister
Guión: Jack Paglen, Jordan Goldberg, Alex Paraskevas, Wally Pfister
Reparto:Johnny Depp, Rebecca Hall, Paul Bettany, Kate Mara, Morgan Freeman, Cillian Murphy, Cole Hauser, Clifton Collins Jr., Josh Stewart, Olivia Taylor Dudley
Duración: 119 minutos

A veces uno se pregunta qué hace que una película que empieza con buen ritmo, tratando un tema interesante y que parece comenzar haciéndolo al menos de una manera decente, empiece a fallar miserablemente en algún punto del metraje.

Transcendence trata el tema de la inteligencia artificial y la llamada singularidad tecnológica , el hipotético punto a partir del cual una inteligencia artificial dejaría atrás a cualquier inteligencia humana. El doctor Will Caster (Johnny Depp) trabaja en el campo de la inteligencia artificial, como su mujer y uno de sus amigos, y tras un atentado por parte de un grupo terrorista que lucha contra el avance de la tecnología, su conciencia es transferida a un ordenador en un experimento pionero. Tras conectarse a Internet, sus capacidades no hacen más que aumentar asombrosamente, al tiempo que su relación con su esposa y su amigo cambia y evoluciona de distintos modos con cada uno de ellos.

El tema da para reflexiones todo lo profundas que se quieran y para darle mil vueltas, más o menos imaginativas, y no será la última película que veamos tratando esta cuestión de candente actualidad, pero Transcendence, tras un prometedor comienzo que parece no tratarlo a la ligera, empieza a flaquear acudiendo a lugares comunes para acabar hundiéndose en el último cuarto de película. Lo que parecía un ejercicio original con un mensaje potencialmente distinto del tópico sobre la inteligencia artificial y la relación de la humanidad con ella se convierte en unos instantes en un amasijo de tópicos y escenas de acción mal y cutremente resueltas para de repente hacerse obvio cual será el final y de paso decepcionar al espectador.

¿Qué falla con Transcendence? Tiene un elenco realmente bueno, pero para su director, Wally Pfister, es su primer trabajo como tal. Ha participado en multitud de películas de renombre (El caballero oscuro, Origen, The italian job...) como director de fotografía, por ejemplo, pero Transcendence es su bautizo como director. Puede que su sentido del ritmo le haya traicionado, o puede que cuatro guionistas sean demasiados. Y es que a veces la cinta parece una unión de varias películas distintas, con sus ritmos y sus líneas argumentales propias. Llama la atención que llega un momento en que todo parece no acelerarse, pero sí precipitarse, en que parece haber prisa por llegar al final con la incapacidad de añadir nada nuevo al argumento que no sean giros efectistas y hacia el final a menudo ridículos: de repente Will es una amenaza que va a ser combatida cutremente con un virus (hola, Independence Day) obtenido y programado de una manera aún más cutre mientras todo parece girar en torno a si Will es un ser autoconsciente y es capaz de amar o no (que parece que sí y que no, a la vez). La supermente que parece ser Will, incapaz pero capaz de amar, es demasiado estúpida como para encontrar una solución a los problemas con su pareja o para convencer de sus bondades a toda la humanidad y es combatida por una alianza entre el ejército, representado por cuatro soldados mal contados, y el grupo terrorista que lo mató cuando era humano en lo que parece ser una ¿falta de medios? del rodaje o, quizás más probablemente, la exigencia por parte de alguna instancia superior por intentar poner algo de acción en la película (craso error) sin parecer una película de Michael Bay.

Como conclusión, vale la pena ver Transcendence siendo consciente de que la película va cuesta abajo poco a poco, que no vas a encontrar una profunda reflexión sobre la tecnología, la inteligencia artificial y la humanidad y que en algunos momentos (pocos, la verdad) tendrás que aguantar esos discursos que a veces dan verguenza ajena en los que se predica sobre un tema sin tener ni idea, dejando salir a la luz un complejo de Frankenstein bien disimulado y disfrazado al inicio de la cinta que acaba surgiendo de manera simplona y absurda hacia el final.

viernes, 10 de abril de 2015

Crítica: Las últimas horas (These Final Hours)


Título original: These Final Hours 
Fecha de estreno: 31 de julio de 2014 (Australia)
País: Australia
Director: Zak Hilditch
Guión: Zak Hilditch
Reparto: Jessica De Gouw, Nathan Phillips, Sarah Snook, David Field, Angourie Rice, Daniel Henshall, Kathryn Beck, Lynette Curran, Lauren Thomas
Duración: 87 minutos

Al fin ocurre: un asteroide impacta contra la Tierra, en el Atlántico Norte. La destrucción arrasa con todo, pero los efectos tardan 12 horas en alcanzar el lado opuesto del planeta, dando a los habitantes de Australia tiempo, demasiado tiempo, para esperar un final cierto e inevitable.

Con la anterior premisa, Zak Hilditch construye la historia de James (Nathan Phillips), un tipo normal que, como el resto de australianos, se entera vía medios de comunicación de que el fin del mundo ha llegado y de que tiene 12 horas para hacer lo que quiera que sea antes de que todo lo que conoce desaparezca bajo un muro de fuego. James, Jimmy, está con su amante (Jessica De Gouw) en una casa al lado de la playa cuando conoce la noticia. Inmediatamente toma la decisión de iniciar un viaje para encontrarse con su novia (Sarah Snook) y participar en la última fiesta que conocerá, pero en medio del caos y la locura se toma la molestia de salvar la vida a la joven Rose (Angourie Rice), cambiando el sentido y final de su viaje.

James es un tipo duro, un bala perdida, que se ve completamente superado por lo repentino de la situación y por sus propios problemas. En medio de un escenario dantesco, donde el orden, el sentido común, el raciocionio y los valores que definen a una sociedad civilizada quedan definitivamente abolidos, Jimmy busca un último sentido, una forma adecuada de vivir sus últimos momentos, una manera de morir que ni siquiera tiene que ser digna, pero sí en consonancia con uno mismo, como en la fiesta final donde se encontrará con su novia. La aparición de la joven Rose, con sus propios problemas y planes para el momento final, trastocan lo que resta de vida a James, haciéndole replantearse con quién y dónde quiere estar cuando llegue el fin.

Las últimas horas pertenece a esa clase de películas donde los personajes se ven abocados a un final cierto e inevitable, sin ninguna posible esperanza, y más concretamente al género de "películas del fin del mundo", como la estremecedora La carretera (The road), de John Hillcoat, donde en clave bastante distinta se afronta un tema similar. Esa sensación de inminente final, de pérdida definitiva, de imposibilidad de salvación, pesa como una losa sobre toda la película y sobre los personajes, los marca durante cada minuto del metraje y guía sus acciones. Un anónimo locutor de radio nos va recordando cuánto queda para la llegada del muro de fuego y va salpicando la cinta con sus reflexiones. A lo largo de la película James y Rose se van encontrando con personas con diversos comportamientos ante la llegada de un final así: gentes completamente enloquecidas y desquiciadas, personas normales convertidas en criminales de última hora, masas entregadas sin vuelta atrás a los últimos placeres de la droga y el sexo, aquellos que deciden adelantar el final y el de sus allegados para evitar lo que se supone será una horrible muerte, los que se agarran desesperados a la religión y finalmente los que serenamente aguardan lo inevitable.

Los personajes están correctamente perfilados aunque tienden a ser estereotipados y sin llegar a ser profundos sí nos transmiten lo que sienten, la angustia, el dolor y los pocos buenos momentos de sus últimas horas. El paisaje, la foto, las situaciones... son un elemento más que anticipan la llegada del final.

Las últimas horas definitivamente no es una película para almas sensibles e impresionables. Acaba dejando mal cuerpo si uno le da demasiadas vueltas, si uno se para a pensar lo que significa cada vez que James se despide de alguien o lo que va viendo en su viaje, en la aparente falta de sentido de cualquier acción durante esas últimas 12 horas, sin posibilidad de dejar un legado, una marca, nada que perdure, nadie que nos recuerde, nadie que juzgue lo que hayamos hecho en los últimos momentos. Tampoco ayuda a saber que es realista en el sentido de que un impacto de asteroide es improbable pero no imposible, que sus efectos serían los que se describen en la película y que la destrucción, viajando a la velocidad del sonido, tardaría ese tiempo en alcanzar el extremo opuesto del planeta.

Ahora ya puedes ponerte a pensar qué harías si supieras que tienes 12 horas antes de que todo lo que conoces llegue a su fin.

martes, 22 de abril de 2014

Los Goonies y Los Goonies 2

Los Goonies:

La década de los 80 ha sido sin lugar a dudas la de los años dorados del cine de juvenil y de aventuras en general. Durante los locos 80 hemos visto escenas y películas que pasarán a la historia del cine y que han quedado grabadas en la mente y en los VHS de muchos jóvenes y no tan jóvenes.

No sólo películas, sinó también frases y melodías de bandas sonoras que han cobrado vida pasando a formar parte de la cultura popular e incluso del atuendo cotidiano a través de coloridas camisetas con los temas en cuestión impresos que no mencionaremos ahora para no alcanzar la temida nostalgia ochentera.

Los Goonies de Richard Donner es un claro ejemplo de ese cine de aventuras imaginativo y de buenas intenciones, filmado con buen hacer y pensando exclusivamente en el público. Esta es la marca del cine de Donner, quien por más años que cumpliese, su visión cinematográfica y dirección siempre se han mantenido frescas. Acaso ¿Se ha estrenado algún Superman mejor? Polémicas aparte, regresemos a The Goonies.

Los Goonies nunca dicen muerto

Argumento:

Una pandilla de chicos viven tranquilamente en un pueblo costero de Estados Unidos ajenos a cualquier problema hasta que sus familias se ven asediadas por unos inversores inmobiliarios que pretenden expropiarlos y derribar sus casas para construir un campo de golf.

Pero una tarde la pandilla de amigos descubre un mapa que indica la ubicación de un tesoro perteneciente a un pirata conocido como "Willy el Tuerto", así que todos se ponen en marcha para encontrar el tesoro y salvar sus casas, su familia y los Muelles de Goon.

La búsqueda del tesoro les conducirá a una increíble aventura bajo tierra sorteando todo tipo de trampas puestas por los piratas y a huir de una familia de mafiosos que también pretenden hacerse con el tesoro.

Impresión:

Según el propio Donner, hubo bastante improvisación durante el rodaje. Es curioso porque el espectador solo percibe dicha improvisación en el resultado conseguido:  diversión y un guión que no pierde fuerza en ningún momento de la película. Esto se debe, en parte, gracias a que todo el film está aderezado con humor y romance juvenil que enriquecen la trama.

El elemento humorístico lo ofrece por una parte Data, un chico con algún problema de dicción e inventor de todo tipo de aparatos que les sacarán de más de un problema (a pesar de que dichos aparatos no siempre funcionan bien). Por otro lado está Gordi, otro de los integrantes de la pandilla, el goloso del grupo. Amigo del buen comer y también el mas cauteloso (cobarde). Para este personaje se han reservado una de las mejores escenas del film, en la que imitando a Errol Flynn se desliza con su nuevo amigo, Sloth, por la vela del barco pirata.

La parte de romance adolescente la pone Mickey (Sean Astin), a quien años más tarde veríamos como el leal hobbit Sam en "El Señor de los anillos". Pues bien, Mickey comienza a entablar algo más que amistad con Andy, la novia de su hermano Brand.
Es precisamente Brand (un joven Josh Brolin) el que aporta el resto del ligoteo y músculo a la aventura.

La conexión emotiva con el público recae, también, sobre Mickey, quien persigue incesantemente el tesoro de Willy el Tuerto, confiando ciegamente en un mapa que ha encontrado,  uniendo al grupo en los momentos más dificiles y sacando lo mejor de Los Goonies.

Sería bastante injusto olvidar a Sloth (John Matuszak), un tipo con cierta deformidad a quien le encanta gritar y vestir camisetas de Superman, mientras ve, encadenado, películas de piratas y come chocolatinas (proporcionadas por su nuevo amigo, Gordi).

En cuanto a la banda sonora, Cindy Lauper se encargó de ella al más puro estilo ochentero con el tema The Goonies R Good Enough. Genial.



El director, Richard Donner, se ha reservado aquí el guiño a otra de sus más recordadas películas: Superman (sí, la de Christopher Reeve). Recordad la escena en que Sloth, para ayudar a los Goonies, se rasga su camisa demostrando su fuerza y bajo ésta, hay una camiseta azul con el emblema de la casa de Kal El.

Sloth o Superman. Buen golpe de efecto, Richard.

Secuela: Los Goonies 2.

Durante años han existido rumores sobre una posible segunda parte (afortunadamente no un "remake") y cada vez esos rumores toman más fuerza. Por lo visto el otro genio del cine de aventuras y entretenimiento masivo (al menos durante los 80), Steven Spielberg, está interesado en producir una secuela de los Goonies y por supuesto ha contado con Richard Donner, cosa que ha permitido respirar aliviado a más de uno. Solo esperamos que no ocurra como con Indiana Jones y la Calavera de Cristal y en esta ocasión sea un acierto.

En este vídeo se entrevista al director, quien confirma que tanto él como Spielberg trabajan juntos de nuevo:


 Los cinéfilos y el cine de aventuras confían en tí, Donner.

sábado, 19 de abril de 2014

La maldición del Escorpión de Jade

Una forma de pasar la tarde,ya sea acompañado o no, es con una buena película. Pues bien, rebuscando y haciendo inventario en el archivo de Crastinia ha caído en nuestras manos, como si el destino lo hubiese seleccionado, el siguiente título: La maldición del Escorpión de Jade. 

A veces parece que hay películas para un momento determinado del día, o de la noche, y esta es una de ellas, así que tras una re-visión de la misma no podemos hacer otra cosa que recomendarte que te sientes a disfrutarla con disposición de divertirte olvidando que es uno de los trabajos "menores" del autor y dejándote llevar por una trama salpicada, con acierto, por todos los elementos del cine de su director Woody Allen.
 

Argumento:

Escrita, dirigida e interpretada por Woody Allen, cuenta la historia del detective C.W. Briggs (Woody Allen) quien odia a su nueva compañera de trabajo Betty Ann (Helen Hunt), entre otras cosas por los cambios que ella quiere implementar en la empresa. Sin embargo el destino hará que durante un cumpleaños un mago les hipnotice y los utilice para cometer una serie de robos millonarios. Estos robos involuntarios  les llevarán a descubrir, poco a poco, qué es lo que en realidad sienten el uno por el otro.

Impresión:

Ya desde el comienzo de la película apreciamos algunos de los rasgos del cine de  Woody Allen:  créditos al principio, a la antigua usanza, y de fondo música jazz que nos va ubicando en el espacio y tiempo que el director quiere, aunque por si esto no fuese suficiente, justo antes de la primera escena vemos una fecha escrita con números blancos sobre fondo negro: 1940.

Estamos en la época por excelencia de los detectives privados y las "femme fatale" rubias, como Laura Kensington (Charlize Theron) que parece salida de "¿Quien engañó a Roger Rabbit?" y es justo aquí, en este tiempo, donde nos sitúa el director, años después de las mejores películas de cine negro y años antes de series como Mad Men.

El film en ningún momento deja de ser entretenido, al contrario: las frases y situaciones a veces hilarantes de un detective entre chapucero y casualmente exitoso vertebran la trama detectivesca marcada por estilo del director neoyorquino, de forma que nos encontraremos con  personajes casi reciclados de anteriores trabajos como el compañero de oficina cómico y neurótico o la mujer fría que le rechaza incesantemente.

Otro de los elementos sustentantes de la película y muy del gusto del director es la magia. Representada en esta ocasión por el misterioso Mago Vortan quien hipnotiza a Betty Ann y a C.W. A partir de este momento comienza un entuerto de pistas e investigaciones que no solo conducirán a los personajes a esclarecer el caso sino que, por supuesto, les llevará a averiguar si hay algo más que odio entre ellos.

A pesar de no ser lo mejor que ha firmado Woody Allen, nos encontramos con un filme sobre todo divertido, entretenido y quizá tópico; pero, eso sí, con los tópicos necesarios dentro de la filmografía del autor, así que :

"Si me muero mientras estamos haciendo algo, dile al embalsamador que me deje la sonrisa puesta"
 - C.W. Briggs.

lunes, 18 de noviembre de 2013

Sinnerman, de Leon Bibb a Felix da Housecat.

La Joven. Luis Buñuel. 1960
La música y el cine han caminado de la mano desde que se conocieron hasta la actualidad. Recordamos grandes películas y también su banda sonora. Todas esas canciones tienen su historia, sus curiosidades. Unas son más conocidas y otras más discretas. Algunas incluso se han empleado en diferentes películas, como el caso de la que nos ocupa: Sinnerman.

Sinnerman es un tema musical muy conocido gracias a la versión popularizada por Nina Simone. Sin embargo, no fue ella la autora original del tema sino que pertenece al folclore estadounidense.
Durante el S.XX ha sido interpretada por múltiples artistas, pero no fue hasta 1959 cuando se registra una de las primeras grabaciones de esta canción con la voz de Leon Bibb.

La primera pelicula donde podemos escuchar esta gran canción es (no, no es en El secreto de Thomas Crown) La Joven de Luis Buñuel, precisamente en la versión interpretada por Leon Bibb. Vale la pena escucharla e incluso adquirirla en vinilo pues tiene mucho ritmo y suena realmente bien. No cabe duda de que es una canción con un gran potencial:


Pocos años más tarde, en 1965, llegaría la conocida adaptación de la mano de Nina Simone, que fue incluida en multitud de películas como Inland Empire de David Lynch o la famosa escena del robo en (ahora si) el Secreto de Thomas Crown:


Saltándonos unas cuantas películas, juegos y anuncios de TV en las que se incluye Sinnerman como tema principal, llegamos a Felix da Housecat. La suya es la última de las versiones que se han realizado de este tema espiritual clásico que ha atravesado el s. XX adaptándose a todos sus movimientos musicales y, tenemos que añadir, que bien adaptada en todas las ocasiones.


Sin dudarlo mucho nos quedamos con la versión de León Bibb, al menos de momento y hasta que aparezca alguien capaz interpretar de nuevo este tema tal y como se merece.

lunes, 21 de octubre de 2013

Crítica: Gravity


La siguiente crítica desvela parte de la trama, avisados quedáis.

Gravity (Alfonso Cuarón, 2013) quizás no vaya a pasar a la historia del cine por su aspecto artístico, ni siquiera por su originalidad, pero desde luego marca un antes y un después en las películas que pretenden tener al menos cierta verosimilitud tanto en el aspecto técnico como en la forma de contar una historia. Y es que lo que hace especial a Gravity no es exactamente la historia de fondo, sino el entorno donde se desarrolla. El espacio, el espacio real, a pesar de lo que aparece en casi todas las películas donde se usa como escenario, no es un sitio fácil donde situar la acción: no hay sonido, la experiencia de la ingravidez es algo más que ajeno para cualquier espectador, la mecánica de las cosas que se mueven por el espacio es a menudo contraintuitiva (aunque en el fondo se rija por unas normas sencillas) y realmente las formas que pueden tomar el riego y la muerte en el espacio son en su mayor parte muy poco espectaculares. La brillantez de Cuarón está en haber sabido tomarse las licencias justas para, sin llegar a desorientar y aburrir al espectador con detalles técnicos que pueden considerarse accesorios y (casi) irrelevantes a la hora de contar la historia, sí ha sido lo suficientemente riguroso ya no solo para hacer despertar una sonrisa en los aficionados a la exploración espacial, sino para atraer la atención y la curiosidad de cualquier espectador por lo que se ve en pantalla y además usar el espacio como casi un personaje más: ¿por qué la doctora Ryan Stone (Sandra Bullock) no deja de girar cuando sale despedida del brazo robótico?, ¿las cápsulas Soyuz usan paracaídas?, ¿así que resulta que para pilotar una cápsula necesitas manuales y las cosas no son como pilotar el Halcón Milenario?, ¿no se han pasado con las escenas de Kowalsky (George Clooney) usando la mochila propulsora como si fuese un Ferrari?, ¿no es impresionante que toda una estación espacial pueda quedar destruída a solo unos metros de ti en absoluto silencio?... 

 La historia que subyace en Gravity es sencilla a la vez que efectiva y universal: se trata de una historia de supervivencia. Se podría añadir que se trata de sobrevivir en el entorno más hostil que los humanos han conocido jamás, en unas condiciones que  nadie querría encontrarse nunca, en medio de un escenario esencialmente tecnológico, pero al final eso es accesorio: Stone y Kowalsky tan solo quieren salir adelante, superar el problema más difícil que seguramente han afrontado en sus vidas, y eso es algo que ocurre a diario, millones de veces cada día, en la cotidianidad de cada uno; Kowalsky rescata a Stone y la lleva durante buen rato atada a él para no perderla, para ayudarla a llegar a un sitio seguro, y en un momento dado debe soltarse para que ella pueda sobrevivir. Una metáfora de las cosas que ocurren cada día a nuestro alrededor. No hay más. La odisea de Stone, escapando de una nave a otra, de estación en estación, esquivando la nube de restos por los pelos, es tan solo eso, pura supervivencia y un seguir adelante continuo, donde la tentación de rendirse por el cansancio, por el peso del pasado, llega a ser abrumadora. No creo que estemos ante las mejores actuaciones de Clooney y Bullock y puede incluso que sus personajes estén un tanto estereotipados y no tengan una gran profundidad (sobre todo el personaje de Kowalsky), pero cualquiera puede reconocerse en ellos.

Hay muchos sitios donde se analizan al dedillo la multitud de errores que hay en la película, como en el blog Eureka de Daniel Marín, sin ir más lejos, pero con Gravity ocurre la paradoja de que más que una crítica negativa, la búsqueda de defectos se convierte en un ejercicio que acaba resaltando lo buena que es la cinta a nivel técnico, y bueno, ¡buscar los defectos siempre es un ejercicio divertido! Sí, los trajes no son una copia exacta de los trajes rusos y estadounidenses, el paracaídas de la Soyuz no podría desplegarse así en el espacio, la mochila propulsora de Kowalsky no puede hacer esas virguerías de maniobras, las órbitas del telescopio Hubble, de la Estación Espacial Internacional y de la Tiangong ni de broma permitirían un viaje como el que hace Ryan, los astronautas no van en ropa interior dentro de los trajes... ¿y qué? Hay que ser practicamente un experto en temas espaciales para darse cuenta de la mayor parte de esos "errores" o licencias. Curiosamente después de ver Gravity a uno le viene a la cabeza S.O.S.: Equipo Azul (Harry Winer, 1986), que tenía como título original Space Camp. Con unos efectos y un argumento bastante flojos, también presentaba una situación de emergencia en el espacio pero en clave de aventuras juveniles.

Te guste o no el espacio, Gravity te gustará si lo que quieres es pasar unos momentos de tensión y de emoción y disfrutar de una buena historia.